martes, 11 de julio de 2006

Ética, La Felicidad III -Kant-

San Agustín habló de la felicidad como fin de la sabiduría; la felicidad es la posesión de lo verdadero absoluto, es decir de Dios; todas las demás "felicidades" se hayan subordinadas a aquella.

Santo Tomás uso el término "beatitud" como equivalente a "felicidad" y lo definió como "un bien perfecto de naturaleza intelectual". La felicidad no es simplemente un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario la felicidad no estaría ligada a un bien verdadero.

Si la ética de Aristóteles se puede considerar una ética de bienes y de fines o ética material, la ética Kant es la llamada ética formal, para Kant la felicidad es un concepto que pertenece el entendimiento; no es el fin de ningún impulso sino lo que acompañar toda satisfacción.

A Kant no es fácil entenderle, de hecho tiene muy diversas interpretaciones, y sería difícil establecer una conversación productiva entre él y yo, más bien me limitaría abrir mucho los ojos y a escucharle atentamente.

Kant dice en "Crítica de la razón práctica" que la felicidad "es el nombre de las razones objetivas de la determinación". Kant no le da a la felicidad el rango de ley práctica como hace con la moralidad.

Nos dicen que el principio de la felicidad, si bien puede dar máximas, no puede nunca darlas tales que sean aptas para ley de la voluntad aún si se tomase como objeto la felicidad universal.

Nos dice, que el conocimiento de la felicidad descansa en meros datos materiales de la experiencia, no se pueden dar reglas que siempre y necesariamente sean valederas.
Nos dice que la conciencia que tiene un ser racional del agrado de la vida y que sin interrupción acompaña toda su existencia es la felicidad y el principio que hace de ésta el supremo fundamento de determinación del albedrío, es el principio del amor a sí mismo. Así pues, todos los principios materiales que ponen el fundamento de determinación del albedrío es el placer o dolor que se ha de sentir por la realidad de algún objeto, son completamente de una misma clase en tanto en cuanto ellos todos pertenecen al principio del amor a sí mismo o de la propia felicidad.

Nos dice Kant con lucidez extraordinaria que ser feliz es necesariamente el anhelo de todo ser racional, pero finito, y por lo tanto un inevitable fundamento de determinación de su facultad de desear. Pues la satisfacción con toda existencia no es como una posesión originaria y una bienaventuranza, que supondría una conciencia de su independiente capacidad de bastarse a sí mismo, sino un problema que le ha planteado su naturaleza finita misma porque tiene necesidades y esas necesidades conciernen a la materia de su facultad de desear es decir, algo que se refiere a un sentimiento subjetivo de placer o dolor que se halla a la base por el cual se determina lo que él necesita para estar contento con su estado.

Nos dice que la ley moral tiene que ser algo distinto al principio de la propia felicidad.

Así pues parece decirnos que la máxima de amor a sí mismo nos aconseja que seamos felices, y la ley moral nos manda cumplir la ley, seamos o no felices.

Las posiciones entre Aristóteles y Kant son muy distintas, mientras que el primero nos muestra qué es la felicidad y nos enseña el camino para conseguirla que no es otro que el de la virtud y la sabiduría, el segundo profundiza en la naturaleza y viene a decirnos que la felicidad es un principio subjetivo al que todos y cada uno estamos condicionados por nuestra naturaleza finita, que aprendemos de la experiencia y que poco tiene que ver con la moralidad.

Esto es lo que yo entiendo, quizás lo haya simplificado mucho, y soy consciente de que simplificar a Kant es alejarse de los verdaderos propósitos de su filosofía.

Mi opinión acerca de la felicidad, es que el sentirse más o menos feliz de una forma u otra, es efectivamente muy subjetivo, no se pueden dar unas reglas fijas que valgan para todos. La felicidad es un concepto, una idea abstracta y como tal no se puede hablar de la felicidad absoluta como una felicidad real, sólo de ser más o menos felices, se admiten comparaciones nunca ejemplos absolutos porque la realidad es relativa. Qué haya dentro de ese concepto de esa idea de felicidad absoluta es algo que no creo que este alcance de nuestro conocimiento, si bien pudiera ser materia de todo tipo de especulaciones no sería posible conocerla en sí misma tal y como está trazada hoy en día nuestra realidad, llegar a acuerdo 6 mil millones de personas no parece fácil, pero quizás el futuro nos permita conocer las ideas de la razón.

Bibliografía: "MORAL A NICÓMACO" de Aristóteles.
"CRITICA DE LA RAZÓN PRACTICA" de Kant.
"DICCIONARIO DE FILOSOFÍA ABREVIADO" de Ferrater Mora.

jueves, 6 de julio de 2006

Ética, La Felicidad II -Aristóteles-

Aristóteles tuvo una visión amplia acerca de la felicidad, en " Moral a Nicómaco", nos ofrece su pensamiento y su sabiduría en forma de tratado. Dialoguemos:

Penélope: Aristóteles ¿qué es la felicidad?.

Aristóteles: la felicidad es el bien supremo y es el fin de todos los actos del hombre que se manifiesta como cierta actividad del alma conforme a la virtud.

Penélope: ¿se puede identificar a la felicidad con el placer?.

Aristóteles: hay diferentes tipos de placeres, las naturalezas vulgares y groseras creen que la felicidad es placer porque sólo aman la vida de los goces materiales. Ahora bien hay placeres espirituales que si tienen que ver con la felicidad.

Penélope: ¿es el hombre virtuoso un hombre feliz?.

Aristóteles: no, la virtud es el verdadero fin del hombre. Pero la virtud misma es evidentemente incompleta cuando es sola, porque podría suceder que un hombre fuese muy virtuoso y muy infeliz a causa de los infortunios. Pero en medio de estas pruebas mismas la virtud brilla con todo su resplandor cuando un hombre con ánimo sereno soportar grandes y numerosos infortunios, no por insensibilidad sino por generosidad y por grandeza del alma. Si los actos virtuosos deciden soberanamente la vida del hombre, jamás el hombre de bien que sólo reclama la felicidad de la virtud, puede hacerse miserable, puesto que nunca cometerá acciones reprensibles y malas. A mi parecer el hombre verdaderamente sabio, el hombre verdaderamente virtuoso, sabe sufrir todos los azares de la fortuna sin perder nada de su dignidad, sabe sacar siempre de las circunstancias el mejor partido posible.


Penélope: ¿puede cualquier hombre ser feliz, o la felicidad está reservada para unos pocos sabios instruidos?.

Aristóteles: la felicidad no es un efecto del azar es a la vez un don de los dioses y el resultado de nuestros esfuerzos; se obtiene por la práctica de la virtud, mediante un largo aprendizaje, no por eso deja de ser una de las cosas más divinas de nuestro mundo, puesto que el precio y término de la virtud es evidentemente una cosa excelente y divina, y una verdadera felicidad. Y añado que la felicidad es, en cierta manera, accesible a todos, porque no hay hombre a quien no sea posible alcanzar la felicidad mediante cierto estudio y los debidos cuidados, a menos que la naturaleza le haya hecho completamente incapaz de toda virtud.

El hombre dichoso es el que obra siempre según lo exige la virtud perfecta, estando además suficientemente provistos de bienes exteriores, no durante un tiempo cualquiera sino durante toda la vida.

Penélope: yo quisiera alcanzar la felicidad ¿qué debo hacer?.

Aristóteles: dedícate a la filosofía, los placeres que proporciona son admirables por su pureza y por su certidumbre, por esta causa procura mil veces más felicidad el saber que el buscar la ciencia. Dedícate a la vida intelectual y contemplativa, sólo esta vida es la que ciertamente constituye la felicidad perfecta del hombre.

Penélope: ¿eres tú feliz Aristóteles?.

Aristóteles: (piensa y permanece en silencio).

La conclusión de Aristóteles según entiendo es que la felicidad es un concepto vacío, para aproximarnos a la felicidad tendremos que pensar en los diversos bienes que la producen: la virtud, la sabiduría práctica, la sabiduría filosófica, la vida contemplativa; y en las actividades que la conllevan, estas actividades tendrían a su vez un carácter razonable y moderado.

Aristóteles debía pensar que se podía aprender a ser bueno y feliz, y que los que eran malos e infelices era porque estaban sumidos en la ignorancia.

miércoles, 14 de junio de 2006

La Mañana - Edvard Grieg


Podía recordar su color y su forma, también su localización en el espacio, fue tema para un anuncio de cerveza, pero no sabía su nombre ni su origen.

Hace unos meses volví a escucharla e inmediatamente la reconocí, comencé a buscarla en internet pero tenía pocos datos.

El otro día una de mis hijas la tarareaba, le pregunté si la conocía, se la habían puesto en clase era La mañana de Edvard Grieg.

Ahora cuando cierro los ojos y la escucho puedo hasta saborearla.




La Mañana (Edvard Grieg) on Vimeo

viernes, 9 de junio de 2006

Cucarachas y Gatas

Las cucarachas rojas vuelan, yo no me lo creía hasta que vi una aterrizar en mi casa, y además son enormes, me da un poco de vergüenza decirlo pero me dan miedo, y mira que intento mentalizarme de que son seres vivos con dotes especiales para la supervivencia y tal, pero nada, no logro verles el lado científico.

Aquí en Valencia hay verdaderas plagas pero yo he encontrado la solución para mi casa, hace años que no veo ni una; tengo tres gatas magníficas cazadoras que hacen guardia de día y de noche y no dejan bicho viviente.
Tengo que añadir que respeto la vida y cuando traen gecos, pájaros o murciélagos se los quito de la boca y los suelto.
No me importa que las cucarachas vivan, pero preferiría que lo hicieran lejos de mi.

Ayer precisamente La Pelos, una de mis gatas, trajo un pajarito en la boca, y no veas como chillaba el pobrecito, se le escapó y se metió detrás de un mueble en el comedor, logramos que saliera moviendo el mueble y lo atraparnos con un cazamariposas que tenemos preparado para estos eventos, después lo dejamos en la rama de un naranjo que tenemos en la terraza y se fue volando.

Supongo que son ellas las que nos han liberado de las cucarachas porque no dejan ni rastro.

viernes, 2 de junio de 2006

Adiós Rocío


QUIERO SER LUZ - Zamba

Se me está haciendo la noche
en la mitad de la tarde.
No quiero volverme sombras,
quiero ser luz y quedarme.

Me fui quemando en la noche
siguiendo la misma senda
siempre atrás de una guitarra
apagué la última estrella....

No sé qué dicha busqué.
Qué quimera!...
Qué zamba me quitó el sueño.
Qué noche mi primavera

Hoy que me pongo a pensar
solo converso en silencio
me miran los ojos de antes
viejos de ausencia y de tiempo.

La misma mirada siempre,
de aquellos años tan lejos
por fin me duermo en la noche
que alumbra el lucero viejo.

Letra y Musica: Daniel Reguera.

Quiero ser luz on Vimeo

miércoles, 31 de mayo de 2006

Pequeñas Joyas


Cuando Antonio Merino Sánchez era alumno de Ernesto Furió Navarro en la escuela de Bellas Artes de San Carlos, el maestro pintó este grabado de su perfil que todavía hoy su familia conserva.

Ernesto Furió Navarro
Nació el 9 de Marzo de 1902 en el Cabanyal (Valencia) y falleció el 1 de marzo de 1995 en Valencia.

Profesor, grabador, dibujante y acuarelista.

En 1916 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos . Al terminar la carrera se trasladó a Madrid para ampliar sus estudios de Grabado Calcográfico en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando.

En 1930 se trasladó a París para estudiar en profundidad las realizaciones de los más importantes maestros del grabado. A su regreso se instaló en Valencia, donde desplegó una vertiginosa actividad en el género de grabado a buril y talla dulce.

Fuente http://fondoarte.webs.upv.es/

martes, 30 de mayo de 2006

Ética, La Felicidad I

La felicidad escapa de nuestras manos
como el agua escapa entre los dedos
suavemente, inevitablemente,
y nos quedamos con las manos extendidas
y vemos cómo se van sacando
y no podemos hacer nada para evitarlo,
nada, sólo llorar.

Alguien que no recuerdo escribió este poema que yo debí leer hace mucho tiempo, y desde que decidí escribir algo acerca de la felicidad, ese poema viene una y otra vez a mi mente, no se puede decir que sea un poema filosófico pero invita a la reflexión sobre ese concepto escribo al que todos aspiramos.

Muchos filósofos a lo largo de la historia se han ocupado de la felicidad, han tratado de definirla, de desnudarla ante nosotros para que pudiéramos tener un conocimiento aproximado, también han intentado mostrarnos los caminos que nos conducen a ella, siempre dentro de la moralidad.
Según parece tanto los filósofos modernos como los antiguos coinciden en afirmar que la felicidad no se presenta nunca como un bien en sí mismo, ya que para saber lo que es la felicidad hay que conocer bien o bienes que la producen, la conclusión es que no puede definirse la felicidad si no se define un bien por subjetivo que éste sea.

Si pudiéramos disponer de esa " máquina del tiempo " de la que tanto hablan y escriben los relativistas, podríamos viajar al pasado, conocer a Aristóteles o a Kant, y tener una larga conversación con ellos acerca de la felicidad por ejemplo; nada nos resultaría más interesante, pero sólo disponemos de sus escritos y de mi imaginación.

Comencemos por decir que las doctrinas éticas que colocanla felicidad como bien supremo se denominan " eudemonistas ", pudiéndose entender esta felicidad de diversas maneras: como bienestar, como actividad contemplativa, como placer, etcétera....
Llegados a este punto citaremos la posición antagonista que mantuvieron los cirenaicos y los cínicos.

Cirenaicos: el placer de los sentidos, también llamado placer material es el fundamento imprescindible del placer espiritual, siendo el placer sensible algo del presente, consideramos que sólo el placer actual es un bien verdadero y nuestro deber es buscar la satisfacción de los deseos de tal forma que se eviten los dolores posteriores.

Cínicos: nos pronunciamos con desprecio hacia todo saber que no conduzca a la felicidad de una vida tranquila esta vida sólo puede conseguirse cuando se tiene un dominio suficiente sobre uno mismo, es decir cuando se alcanzan autosuficiencia o autarquía.
Nosotros despreciamos el placer, por ser el productor de felicidad, el que perturban la quietud del sabio. La regla del sabio es la prudencia, la sabiduría por la cual se eliminan todas las necesidades superfluas, sólo es necesaria la virtud.

Son dos posiciones extremas y contrarias, ambas fueron respetadas, valoradas, tenidos en cuenta por el hombre de aquella época; hoy en día me suenan como un eco del pasado haciéndose oír en el presente. Si tuviéramos que decir una de las dos formas de comportamiento para ser felices, pienso que en la actualidad la mayor parte de la gente elegiría como maestros a los cirenaicos, quizá unos pocos a los cínicos, no obstante lo más interesante de estas dos doctrinas es intentar entenderlas.

En otra ocasión hablaremos con Aristóteles.

viernes, 26 de mayo de 2006

El jardín de Monforte


El jardín de Monforte es un rincón de cuidada belleza y tranquilidad, un oasis de paz en plena ciudad de Valencia.

Pintado por Francisco delgado.

lunes, 15 de mayo de 2006

Mi Cuadro de la Finca Roja


Cuando Collado pintó este cuadro las cálidas noches de verano en Valencia eran pobres de luz, el cielo era negro y brillaban infinidad de estrellas, tantas que no se podían contar. Solía andar descalza en la oscuridad sobre los ladrillos rojos de la terraza y tumbarme sobre un viejo colchón de espuma para mirarlas.

Fueron aquellos dulces momentos de reflexión cuando me sentí parte de ellas y comprendí la insignificancia de mis problemas y lo efímera que es nuestra existencia.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Recuerdos: Querida Abuela

Tengo la costumbre de cambiar de vez en cuando cosas de sitio, supongo que con la esperanza de ir tirando los recuerdos que ya con el tiempo pierden el sentido, la verdad es que me cuesta mucho desprenderme de ellos. Hoy he encontrado una poesía que me recitaba mi abuela cuando yo era pequeña y que anoté en una libreta...... ella murió hace ya más de 30 años y hoy quiero recordarla.



Cuando a tu jardín entre
yo pensé cortar la flor,
más no me culpes traidora
que yo cortada la hallé

Cierto es que contigo hablé
y contigo estuve a solas
otro pájaro a deshoras
a tu flor había picado.

Esas lágrimas que lloras
¿Por qué he de ser yo el culpado?
Una corona yo hice
de perlas y de diamantes
de esmeraldas y de brillantes
para una mujer que quise
un collar también le hice
con un letrero grabado
que decía:
"Desgraciado muero por una mujer
estoy tísico de pena
loco de tanto querer"

De noche me salgo a el patio
a distraer mis sentidos
que los tengo conmovidos
tu querer me está matando

A nadie digo tampoco lo que
a mi me está pasando
las penas me están ahogando
no las puedo resistir
si no consigo tenerte de pena
voy a morir.